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Técnico

Qué precisión se obtiene con fotogrametría con dron

Equipo de topografía con estación total y dron en vuelo durante un levantamiento

«¿Qué precisión da un dron?» es la pregunta que más nos hacen los técnicos, y no tiene una respuesta en forma de número. La precisión no es una propiedad del aparato: es el resultado de cómo se ha planificado el vuelo, con qué apoyo se ha georreferenciado y con qué criterio se ha procesado. El mismo dron puede dar un producto excelente o inservible según esas decisiones.

Lo que sigue es lo que de verdad condiciona el resultado, sin cifras de escaparate.

Precisión relativa y precisión absoluta no son lo mismo

Es la confusión más frecuente y la que provoca más disgustos. La precisión relativa es la coherencia interna del modelo: si mido dos puntos dentro de él, la distancia entre ambos es correcta. La precisión absoluta es la correspondencia con el sistema de referencia oficial: ese punto está donde el sistema dice que está.

Un vuelo sin apoyo puede tener una precisión relativa muy buena y una absoluta mala. Para medir un acopio en una cantera, muchas veces basta con la relativa. Para replantear, casar con cartografía existente o comparar con un levantamiento anterior, hace falta la absoluta. Antes de encargar un vuelo hay que decidir cuál de las dos se necesita: es la pregunta que más dinero ahorra.

El GSD marca el techo

El GSD —tamaño de píxel sobre el terreno— depende de la altura de vuelo, de la focal y del sensor. Es el límite físico de lo que se puede distinguir: por debajo de ese tamaño, sencillamente no hay información. Volar más bajo mejora el GSD y multiplica el número de pasadas, el tiempo de vuelo, las baterías y el tiempo de proceso. La decisión de altura no es estética, es económica y técnica a la vez.

Un error clásico es pedir un GSD muy fino «por si acaso» en una superficie grande. El resultado es una campaña larga, un proyecto pesadísimo de procesar y una precisión que no mejora en proporción, porque el factor limitante ya era otro.

Solape, geometría y textura

Sin solape suficiente entre fotogramas —longitudinal y transversal— el algoritmo no encuentra puntos comunes y el modelo se deforma. En terreno con relieve o en fachadas hace falta más solape del habitual, y a menudo pasadas cruzadas y tomas oblicuas. La textura también manda: una superficie uniforme —agua, arena homogénea, una cubierta metálica lisa, una losa de hormigón recién fratasada— da pocos puntos característicos y el modelo se debilita justo ahí.

El apoyo: puntos de control, RTK y PPK

Aquí está la diferencia entre un modelo bonito y un modelo medible.

  • Puntos de control en tierra (GCP). Dianas materializadas y medidas con GNSS o estación total, bien repartidas por la zona y con alguna en el centro. Es el método de referencia y sigue siendo el más sólido.
  • RTK. Corrección en tiempo real durante el vuelo. Mejora mucho la georreferenciación directa, pero depende de la calidad del enlace de corrección y de la cobertura.
  • PPK. Corrección en posproceso a partir de los datos brutos. Evita la dependencia del enlace en campo y suele ser más robusto en zonas con mala cobertura, que en la provincia de Córdoba son bastantes.
  • Puntos de comprobación. Los grandes olvidados. Son puntos medidos que no entran en el ajuste y sirven para verificar el resultado. Sin ellos, cualquier cifra de precisión es una declaración de intenciones.

Trabajar con RTK o PPK no elimina la conveniencia de tener algún punto en tierra: elimina la necesidad de sembrar la zona entera de dianas. Es una diferencia de coste y de tiempo de campo, no de rigor.

Lo que la fotogrametría no puede hacer

No ve bajo la vegetación. Un olivar denso, un encinar de dehesa o una ribera con soto devuelven la superficie de la copa, no el terreno. Si hace falta el suelo bajo la cubierta vegetal, la técnica es otra: LiDAR. No mide bien superficies de agua ni cristal. Y no resuelve zonas en sombra dura, que en verano cordobés es un problema real a mediodía.

Los productos y para qué sirve cada uno

De un mismo vuelo salen la ortofoto, el modelo digital de superficies (con todo lo que hay encima), el modelo digital del terreno (filtrado), la nube de puntos y las curvas de nivel. Medir volúmenes de acopio se hace sobre la nube; comparar dos fechas, entre modelos; documentar el estado de una parcela, con la ortofoto. Están explicados en ortofoto y fotogrametría y en medición de volúmenes y acopios.

Cómo pedir un levantamiento sin equivocarse

Diga para qué es. Si es para certificar avance de obra, para medir un acopio en una gravera, para un proyecto de urbanización o para comparar con un vuelo del año pasado, la configuración cambia en cada caso. A partir de ahí se decide altura, apoyo, sistema de referencia y entregables, y se puede acordar por escrito qué comprobación de precisión se va a entregar con el trabajo.

Qué debe figurar en la entrega

Un levantamiento serio se entrega con una memoria mínima que permita a otro técnico saber qué tiene en la mano: fecha del vuelo, sistema de referencia y proyección utilizados, altura de vuelo y GSD resultante, número de fotogramas y solape aplicado, método de apoyo empleado —puntos de control, RTK o PPK—, número y distribución de esos puntos, y los residuos obtenidos en los puntos de comprobación.

Ese último dato es el que convierte una afirmación en una comprobación. Un trabajo entregado sin él puede ser perfectamente bueno, pero nadie puede saberlo, y en cuanto haya que defenderlo ante un tercero deja de servir.

Una advertencia final: entregamos el dato, el modelo y su verificación. El levantamiento que deba ir firmado por técnico competente lo firma el técnico. Puede ver el servicio completo en topografía con drones en Córdoba. Consultas: info@dronecordoba.es, 622 290 586.

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