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Agricultura

Drones en la vendimia de Montilla-Moriles

Dron sobrevolando un cultivo arbolado durante una campaña de campo

El viñedo de Montilla-Moriles tiene tres particularidades que condicionan cualquier trabajo aéreo. La primera es el suelo: la albariza, blanca y muy reflectante, cambia por completo el comportamiento de los sensores respecto a un viñedo sobre suelo oscuro. La segunda es el clima: aquí la vendimia empieza pronto, en pleno agosto, con temperaturas que marcan el ritmo de todo. La tercera es la variedad dominante, la Pedro Ximénez, y su papel en vinos que después seguirán un proceso de crianza muy propio de la zona.

Sobre eso, el dron aporta cosas distintas según el momento del año.

Antes de la vendimia: mapas de vigor

El uso con más recorrido es el vuelo con sensor multiespectral unas semanas antes de la recolección. El resultado es un mapa de vigor de la parcela: zonas que se comportan de forma homogénea y zonas que no. Eso permite dos cosas concretas.

La primera es dirigir el muestreo. En vez de tomar muestras al azar, se toman en las zonas que el mapa señala como distintas, que es donde la información vale algo. La segunda es plantear una vendimia diferenciada si el viticultor lo considera oportuno: separar la uva de zonas con comportamiento distinto en lugar de mezclarlo todo. Esa decisión la toma siempre el técnico o el enólogo; el vuelo solo pone el mapa encima de la mesa.

Un matiz técnico honesto: sobre albariza, la fuerte reflectancia del suelo influye en los índices calculados, sobre todo cuando la cubierta vegetal no cierra la calle. Por eso el mapa se interpreta con conocimiento de la parcela y no como un número absoluto. Lo desarrollamos en agricultura de precisión e índices multiespectrales.

Durante la campaña: control y logística

En vendimia el tiempo es el recurso escaso. Un vuelo rápido sirve para comprobar el avance de la recolección en fincas grandes, verificar el estado de los caminos y accesos para la maquinaria y los remolques, y localizar problemas puntuales: un sector con marras, una zona con daño por una tormenta, una avería en el riego que no se ve desde el camino.

También es el momento en que la bodega suele querer imagen. Y ahí conviene ser realista: en agosto, la ventana de luz útil es la primera hora de la mañana y la última de la tarde. Grabar a mediodía en la campiña sur da un contraste duro y una calima que resta nitidez.

Fuera de campaña: inventario y planificación

Con un vuelo fotogramétrico se obtiene una ortofoto actualizada de la explotación con la que medir superficies reales, contabilizar marcos de plantación, planificar una reposición o comprobar linderos. Para una bodega con viñedo repartido entre Montilla, Moriles, Aguilar de la Frontera, Lucena o Puente Genil, tener esa base cartográfica al día ahorra discusiones y facilita cualquier expediente. Es el mismo trabajo que describimos en ortofoto y fotogrametría.

Aplicación con dron: qué se puede y qué no

La pulverización con dron agrícola es posible, pero no es un servicio que se contrate como quien pide un vuelo de fotos. Cada aplicación exige que el producto esté autorizado para aplicación aérea y que se cuente con las autorizaciones administrativas que correspondan, y el trabajo se coordina con el técnico agrícola responsable de la explotación, que es quien decide producto, dosis y momento. Nosotros aportamos el medio y la ejecución, no la prescripción. Está explicado en tratamientos fitosanitarios con drones.

Imagen para bodega: más allá del plano de viñedo

Montilla-Moriles tiene un activo visual que muchas bodegas desaprovechan: el contraste entre el paisaje de albariza y el interior de la bodega, con las tinajas de barro y las botas de crianza. Un audiovisual que solo enseña viñedo desde el aire cuenta la mitad. Lo que suele funcionar es combinar aéreo de parcela, recorrido de vendimia y trabajo de interior, y de ahí sacar la versión larga para web, cortes verticales para redes y fotografía fija para etiqueta y catálogo. El planteamiento está en vídeos para empresas con drones.

Condiciones de vuelo en la zona

El viñedo de la denominación se reparte por la campiña sur, en torno a Montilla, Moriles, Aguilar de la Frontera, Lucena, Puente Genil y Doña Mencía, con parte del territorio cerca del Geoparque de las Sierras Subbéticas. Fuera de núcleo urbano el escenario suele ser sencillo, pero hay que comprobar igualmente las zonas geográficas UAS en ENAIRE Drones, contar con la autorización del titular de la finca y vigilar las líneas eléctricas, que en parcelario de campiña son el obstáculo más frecuente y el peor visto desde el aire.

El año del viñedo, vuelo a vuelo

Cada momento del ciclo admite un tipo de trabajo distinto. En invierno, con la viña desnuda, es cuando mejor se ve el suelo y el marco de plantación: es el momento de la cartografía, del inventario de marras y de cualquier levantamiento de la parcela. En primavera, con la brotación, se aprecian los fallos de brotación y la desigualdad entre sectores. En envero, unas semanas antes de la vendimia, el mapa de vigor alcanza su máxima utilidad, porque la cubierta vegetal está desarrollada y las diferencias entre zonas ya se han manifestado. En vendimia, agosto en Montilla-Moriles, el vuelo pasa a ser logístico y de imagen.

Planificar la campaña con ese calendario en la mano evita el error más común: pedir un mapa de vigor cuando la viña todavía no ha cerrado la calle y esperar que diga algo.

Puede ver el servicio completo en drones para viñedo en Montilla-Moriles. Para hablar de una campaña concreta: info@dronecordoba.es o 622 290 586.

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